EL ENTORNO
Descubre las maravillas que nos rodean

La Masía se encuentra ubicada en el interior del meandro que dibuja el Ebro entre Miravet y Ginestar, en el paraje conocido como Illetes (nombre que tomó a primeros del S XX, debido a que las crecidas del río anegando en gran parte este entorno, dejando a vista pequeños trozos de terreno en forma de islas).
A diez minutos escasos del pueblo (caminando), Miravet. Donde podrá disfrutar de la estampa incomparable del “Cap de la Vila” (casco antiguo), donde se puede ir paseando y disfrutar de la “Sanaqueta” (mirador sobre el Ebro) en forma de balcon al lado de la “Iglesia Vieja”, y pasear por sus empinadas callejuelas llenas de historia.
De camino hacia el pueblo encontrará el embarcadero, desde donde se puede hacer un recorrido por el Ebro.
El Castillo Templario, monumento histórico y testigo privilegiado de todos los episodios históricos que ha vivido el país y nuestro pueblo durante los últimos diez siglos. Su silueta, impresionante, señorea toda la región. Visible desde cualquier punto de la Cubeta de Mora.
A 20 minutos de Falset, capital del Priorat, donde podrá visitar bodegas y disfrutar de un vino excepcional.
También a 20 minutos de Corbera y Gandesa (Tarragona), testigos de los episodios más duros de la Batalla del Ebro y desde donde se pueden hacer visitas guiadas a los espacios de la Batalla, ahora monumentos a la paz . Así como museos que recuerdan aquellos dramáticos días que vivieron nuestros abuelos. Mención aparte merecen las Catedrales del Vino (Cooperativa agrícola de Gandesa, y Cooperativa agrícola del Pinell de Brai), y varias bodegas esparcidos por toda la comarca de la “Terra Alta” donde se elabora también un vino excepcional.
HISTORIA DE MIRAVET
La colina de Miravet habría sido habitada desde época ibérica, se han encontrado restos de un poblado. Su posición dominante en un importante tramo del Ebro marcaría la historia de este lugar. La ocupación islámica del territorio, a partir del siglo VIII, dio al pueblo su nombre y parte de su fisonomía actual a orillas del río. En el siglo XI edificaron una pequeña fortaleza para controlar este espacio e iniciar una mayor fortificación del espacio ante el avance de las tropas cristianas. En 1153 el Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV, hizo donación de Miravet y sus tierras a los caballeros de la Orden del Temple. Este había sido el último reducto musulmán de Cataluña, junto con Siurana, y se encomendó los templarios su control y mantenimiento. Los Pobres Caballeros de Cristo iniciaron la construcción de un gran castillo, importando las mejores técnicas e innovaciones de los castillos cruzados de Tierra Santa. Aparte marcaron las fórmulas de dominio y control del espacio y su gente, en Miravet se mantuvo la población musulmana existente antes de la conquista.
En 1307 Felipe IV de Francia, dicho el bello, decidió detener y ejecutar todos los templarios de sus reinos, iniciando un movimiento que acabaría con la disolución de la Orden. En Miravet, sede del capítulo provincial de los caballeros, se preparó la defensa de la fortificación, donde se reunieron varios caballeros y comendadores para hacer frente a las tropas del rey Juan II que los iba a detener. Los templarios resistieron un año de largo asedio encerrados en el castillo, entre diciembre de 1307 y 1308. Finalmente se rindieron, fueron encarcelados, pero en 1312 eran declarados inocentes mientras la Orden desaparecía por la disolución de Clemente V. Este ordenó que los antiguos bienes de los templarios pasaran a otra Orden religiosa y militar, los caballeros de la Orden Hospital. Ellos pasaron a dominar Miravet desde 1315 a 1835, siguiendo y manteniendo las formas y sistemas establecidos por los templarios. En 1319 redactaron en Gandesa las Costumbres de la Alcaldía de Miravet, una recopilación de todas aquellas leyes y ordenanzas heredadas de época templaria, que los hospitalarios fijaron por escrito. Estas tenían escaso efecto sobre gran parte de los habitantes de Miravet, ya que la población musulmana no estaba bajo obediencia de estas, y se regía por las leyes islámicas y sus organismos de control, bajo supervisión de los caballeros señores del lugar.
Entre 1509 y 1511, por orden de los reyes católicos, todos los musulmanes serían obligados a convertirse al catolicismo. Este hecho afectaría a la mayoría de la población de Miravet, ya que alrededor de un 90% mantenían su antigua religión. Desde este momento los nuevos conversos pasaron a ser llamados moriscos. En Miravet fueron obligados a derribar su mezquina y edificar encima una nueva iglesia, la que hoy podemos ver en el centro del Cap de la Vila, núcleo histórico de Miravet. En 1610 el rey Felipe III ordenó la expulsión de todos los moriscos de sus reinos, lo que en origen afectaría a casi toda la población de Miravet. Los habitantes se defendieron y el obispo de Tortosa consiguió que algunas familias no se encontraran afectadas por este decreto, pero alrededor de un 75% de los miravetanos tuvieron que abandonar su casa. La repoblación producida justo después fue rápida gracias al regreso de algunos moriscos y la llegada de nuevos pobladores de pueblos cercanos. En 1623 los hospitalarios concedían una nueva carta de pobladores a Miravet, donde además de constatar la rápida llegada de nuevos habitantes, los caballeros lograron una reformulación de sus derechos, ejerciendo un mayor control y aumentar sus ingresos señoriales.
La situación privilegiada de Miravet y la magnitud de su castillo, hizo que el pueblo se convirtiera en fundamental durante algunos períodos de la Guerra de los Segadores (1640-1652). En 1643 las tropas castellanas favorables a Felipe IV lanzarón un fuerte ataque, que se transformó en un importante asedio contra el castillo, donde se van atrincheramos las tropas francesas partidarias de la Generalitat. El conflicto generó un largo periodo de crisis demográfica y económica que no se pudo recuperar por los efectos de una nueva guerra, la de Sucesión (desde 1700 hasta 1714). Esta volvió a repercutir sobre el municipio con la ocupación militar y varios enfrentamientos. El nuevo régimen borbónico establecido tras la guerra aportó modificaciones sobre la organización municipal, con la imposición del modelo castellano y la creación de los Ayuntamientos. A lo largo del siglo XVIII se inició una tendencia positiva que generó una expansión demográfica y económica, haciendo de Miravet una población más grande, con una alta producción agrícola y comercial.
La Guerra de la Independencia generó un nuevo periodo de crisis, derivada de los enfrentamientos militares y el inicio de la desintegración del régimen señorial. En 1835 las propiedades de la iglesia y órdenes religiosas fueron desamortizadas y vendidas en subasta pública. Así el castillo y numerosos propiedades pasaron a manos privadas. El siglo XIX estuvo marcado por el paso de las tres Guerras Carlistas (1833-1876), que marcaron una época de gran inestabilidad. A finales de este siglo e inicios de 1900, Miravet desarrolló un nuevo crecimiento, marcado por un mayor desarrollo de la economía tradicional y mejoras de transportes e infraestructuras. Una situación que se vio fragmentada de manera radical con el estallido de la Guerra Civil (1936-1939). Las dificultades del conflicto aumentaron con la llegada de las tropas durante la Batalla del Ebro, los soldados republicanos cruzaron por Miravet la madrugada del 25 de julio y ocuparon el castillo, en un enfrentamiento que afectarán el territorio durante 115 días . El régimen franquista, la represión y la depresión de la postguerra, hicieron mermar la población de Miravet y su economía rural, que desde las últimas décadas se basa en la producción de fruta dulce, aceites y vinos, el aumento del turismo y el mantenimiento de la artesanía de la cerámica.
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